Cuando la comunidad apoya a la agricultura

nota1154_imagen1065.jpg

Todo tiene su precio. Puedes comer las verduras del mercado, pero puede ser que lo que ahorras lo vas a gastar en doctores y medicamentos, porque esos productos son llenos de venenos; o en suplementos, porque ya no tienen nutrientes. O, por la prisa, puedes ir al supermercado, y después quejarte de la criminalidad y la corrupción, sin saber que las hortalizas, cuando pasan de intermediario a intermediario, a menudo son comercializados por organizaciones criminales. Puedes en fin preguntarte – con nostalgia – por qué las verduras ya no tienen el mismo sabor que antes, por qué los campesinos abandonan los campos y migran hacia los barrios de las ciudades, y por qué tantos productos son importados del extranjero. Mientras sigas haciendo lo mismo de siempre no habrás hecho nada para cambiar las cosas!

O puedes asumir tus responsabilidades de consum-actor y elegir dónde hacer las compras, dejando de creer a las mentiras que te cuentan desde hace años, que los productos orgánicos tienen que ser necesariamente más caros. Una cadena entera de productos campesinos, locales y de calidad se está re-organizando, y cada vez más usa medios alternativos a los circuitos comerciales “normales”.

De esta manera se puede pagar bien a los que trabajan, se les permite vivir de manera digna gracias a su trabajo, tanto más honrado si es enfocado a la sustentabilidad del territorio, y a la calidad. Cada vez más los Grupos de compra solidarios y personas conscientes organizadas perfeccionan estas formas de economía alternativa, hasta llegar al ápice de asumir totalmente la responsabilidad del consumidor que paga la cosecha por adelantado, prescindiendo de lo que sea el resultado. Puede parecer una locura, si pensamos que si vamos al mercado encontraremos cada hortaliza en cualquier temporada.

Pero pensemoslo bien: todo gira alrededor de la pregunta “cómo queremos estar al mundo? Qué responsabilidades queremos asumir?” Es un paso necesario para brindar una certeza verdadera a los campesinos, que puedan sentirse respaldados por la comunidad de consumidores, como un seguro solidario, si la cosecha se pierde o es escasa. Esto es el futuro que tenemos que construir!

La “agricultura respaldada por la comunidad de consum-actores” (Community-supported agriculture en inglés) funciona así: los asociados pagan una cuota anual, basada en su necesidad de verduras y en la capacidad económica de cada uno/a. Estas cuotas se usan para cubrir los costos de la cooperativa de productores. De esta manera se crea un circuito cerrado, autosuficiente y desvinculado de los mecanismos del mercado “libre”.

En la experiencia del grupo “Arvaia” en Bologna, Italia, el 60% del presupuesto corresponde al pago de los 4 campesinos que trabajan en la producción. El restante 40% se reparte entre: gastos para las materias primas, labranza de la tierra, una contribución para el equipo que coordina la logistica, el mantenimiento de las maquinarias, y los gastos de comunicación.

0d790a9fe75de604783bb26c747a8e05.jpg

Entre las razones que motivan los socios a ser parte del proyecto no hay solo la “conveniencia” de adquirir productos orgánicos a un precio bajo, sino también, y sobretodo, de constituir una alternativa, ser parte de una comunidad de personas que deciden en conjunto qué producir y cómo hacerlo, y comparten los frutos de la cosecha. “Participar a Arvaia – explica Claudio, uno de los socios – es una elección política, una experiencia que te demuestra que la alternativa es posible, y está al alcance, para construir una relación ética y solidaria con la comida, con la tierra, con los campesinos que la trabajan.”

Los sábados son bien alegres en Arvaia: los socios que quieran, con azadón y machete en las manos, pueden participar al “agro-yoga” en los campos. Ir al campo significa aprender, y hacerse más conscientes de lo que nos alimenta; abundancia y escasez se vuelven conocimientos compartidos, y la estacionalidad vuelve a tener el papel regulador que solía tener en nuestras vidas anteriormente.

Fuente: Libre traducción del capítulo 11 del libro “Kitchen social club”, Don Pasta 2016, Altreconomia.